La Virgen del Rosario y la familia Melgarejo.

Como actualmente, la segunda capilla de la epístola de la iglesia de santo Domingo antes de la desamortización de Mendizábal se encontraba dedicada a la Virgen del Rosario. En su interior había un retablo dorado, nuevo, con la imagen de la Virgen. Era una imagen de vestir con ropa de tisú, con corona y sobre corona de hojalata. Tenía rostrillo dorado con piedras, un cetro de plata y una media luna a sus pies. A ambos lados de la imagen se ubicaban dos imágenes del Niño Jesús vestidos con telas de seda y colocados a los laterales de dicho retablo. Junto a estos, otro Niño Jesús titulado de la Virgen y que los frailes dominicos utilizaban para pedir limosna por la calles del pueblo. En la misma capilla también había un altar de yeso con otra Virgen del Rosario, mucho más pequeña que la anterior, con Niño y vestida también con seda, corona de plata y resplandor.

Esta capilla debió pertenecer a la familia Cañas del Busto y tras la compra de la casa grande de la calle Mayor por los Melgarejo se incorpora a esta familia. Su primer propietario, el brigadier Melgarejo, tras la desamortización, guardó para su mejor custodia gran parte de los enseres de esta capilla en la casa de la calle Mayor. Desde entonces el culto de la Virgen del Rosario y la propia iglesia de Santo Domingo quedó vinculada a la familia Melgarejo. Buena prueba de ello es que para dar forma y continuidad a esta vinculación, el brigadier Melgarejo promovió un expediente eclesiástico de Patronato a favor de su única hija, Rosario Melgarejo Castilla-Portugal, en 1858 por el que era nombrada honoríficamente patrona de la capilla. El patronato pasó por disposición testamentaria a su hija Micaela en 1901 y en 1913 a sus hijos, José Luis y Andrés, que hasta su muerte han sido los patronos de la capilla.

Desde los tiempos del brigadier Melgarejo fueron su esposa y su hija las encargadas de vestir la imagen y costear el culto el día de su fiesta. Sin embargo, las necesidades de la iglesia después de la desamortización derivó en que el mantenimiento de la capilla del Rosario se extendiera a toda la iglesia. Tanto el brigadier Melgarejo, como su hija Rosario y su nieta Micaela dotaron a la iglesia de santo Domingo de todo lo necesario para su culto y costearon las obras, cuando era necesario, para su mantenimiento. Incluso, al menos desde la época de la madre de Micaela, la iglesia contó con un capellán que oficiaba misas y cuantas celebraciones se encargaban, principalmente las de la fiesta y rogativas para implorar la lluvia a Jesús Nazareno. Su último capellán antes de la Guerra fue Jesús Jaime. Es muy probable que, al igual que Micaela y su familia se encargaron del culto y mantenimiento del Rosario, su hermano, el duque de San Fernando, Nicolás Melgarejo y Melgarejo, se encargara del culto de la imagen de Jesús Nazareno. De hecho, el duque fue nombrado por la cofradía presidente perpetuo y era él y su mujer, la duquesa, Sofía Tordesillas, los que costeaban la lámpara de luz que la imagen tenía encendida todo el año en su capilla de Santo Domingo. Igualmente custodiaban en su casa de la calle Melgarejos la túnica noble y la corona de espinas de plata de la imagen que lucía el Viernes Santo de madrugada. Esta tradición se mantuvo, al menos, hasta la Guerra Civil cuando todavía, Rafael Melgarejo y Tordesillas, seguía siendo presidente perpetuo de la cofradía. Esta vinculación con la casa de Melgarejo está muy presente en la actualidad como se puede observar en el artístico trono de Jesús que tiene tallado el escudo del duque de san Fernando en uno de sus tondos y en el escudo de la familia Rebuelta que luce en la capilla del Rosario y que debió labrarse tras la boda de Micaela Melgarejo y Andrés Rebuelta.

Carlos Chaparro